Ayer fui por última vez a la maestría. Dieciocho materias,
seis cuatrimestres o dos años después, regreso a casa mirando atrás.
1.
Me piden una investigación, digo que sí, la hago
y me doy cuenta de que en la licenciatura nunca me dieron herramientas para
realizar si quiera un ensayo decente. Tuve una
materia de investigación donde una maestra se paraba frente a nosotros a
hablar de sus hazañas como doctora, a tirar netas, a creer que con eso formaba
a una generación. Nos dotó de herramientas sueltas, pero nunca, que yo
recuerde, nos explicó cómo escribir una investigación. Eso reafirma mi idea de
que la mentalidad itesiana se conserva en una burbuja.
2.
Entro a impartir clase. Lo hago como mi idea, mi
creatividad, mi voluntad, mi sentido común me lo dicen. Quiero ser mejor
maestro que los que tuve en la licenciatura.
3.
Trabajo proyectos para niños: libros, talleres,
ediciones, y me doy cuenta de que me falta de dónde sostener todo. Lo teórico
me parece de lo más práctico.
4.
Un seminario impartido por el Conaculta para
promotores de cultura infantil me abre una ventana. Hacemos lecturas,
buenísimas, acerca de la idea de infancia, de educar, de acompañar, y me
pregunto si realmente lo que hago lo hago bien, ¿qué hay más allá de lo que
hago?
5.
Recibo el pago por las regalías de “La mitad del
universo” y decido invertir una parte a una maestría en Educación. Aquí mismo,
pienso, en UVM para que salga más práctica la cosa.
6.
Es mayo de 2012. Recibo una clase que me obligó
a pensar de una manera como me gustaba. Luego me doy cuenta de que me internaba
al mundo del pensamiento crítico. Me subo al auto, estoy emocionado.
7.
Desencanto. Otra vez maestros patito,
contradictorios a las ideas de innovación en educación, nivel bajo que
contrasta con contados profesores buenos.
8.
Reflexión. Cada vez procuro no ser de esos. Y
cuando una clase la doy así, no me lo perdono en todo lo que resta del día.
9.
Tercer cuatrimestre. Si te digo que cantes, lo
haces, porque yo soy la maestra, me dice una persona que intentó darme clase a
un gran grupo.
10.
Quinto cuatrimestre. Reúno firmas, hablo con el
rector, hablamos todos, hubo cambios en la medida de lo posible. Deseo haber
dejado en mejores condiciones la maestría que como la tomé. Se refieren a
nosotros como el grupo más conflictivo de la universidad.
11.
Descubro
que la investigación sí es una pasión. Intento transmitirlo a mis alumnos.
12.
¿Qué hago con todo esto?
13.
Teorías, propuestas, ideas, debates,
discusiones, acuerdos, tiempo después, integro a mis clases todo lo posible. Me
queda claro, no creo ni en la calificación ni en las faltas.
14.
Río, pienso, actúo, me divierto, resuelvo el
problema, pienso cómo hacerle, expongo, escucho a mis compañeros, los admiro, los
estimo, los extrañaré.
15.
Llego a caja. Es mi último pago, comento. Falta
el pago más fuerte, me recuerdan. Esto no se acaba hasta que pago y tramito el
título. Pronto. Pronto.
16.
Es claro, lo noto. Soy uno antes y otro después
de la maestría. Quiero aprender más y seguir creciendo.
17.
¿Doctorado? Sí, pero mañana. Habrá un momento
para eso.
18.
Todo significa.
