miércoles, 30 de abril de 2014

Fin de maestría, inicio de lo que sigue

Ayer fui por última vez a la maestría. Dieciocho materias, seis cuatrimestres o dos años después, regreso a casa mirando atrás.
1.       Me piden una investigación, digo que sí, la hago y me doy cuenta de que en la licenciatura nunca me dieron herramientas para realizar si quiera un ensayo decente. Tuve una  materia de investigación donde una maestra se paraba frente a nosotros a hablar de sus hazañas como doctora, a tirar netas, a creer que con eso formaba a una generación. Nos dotó de herramientas sueltas, pero nunca, que yo recuerde, nos explicó cómo escribir una investigación. Eso reafirma mi idea de que la mentalidad itesiana se conserva en una burbuja.
2.       Entro a impartir clase. Lo hago como mi idea, mi creatividad, mi voluntad, mi sentido común me lo dicen. Quiero ser mejor maestro que los que tuve en la licenciatura.
3.       Trabajo proyectos para niños: libros, talleres, ediciones, y me doy cuenta de que me falta de dónde sostener todo. Lo teórico me parece de lo más práctico.
4.       Un seminario impartido por el Conaculta para promotores de cultura infantil me abre una ventana. Hacemos lecturas, buenísimas, acerca de la idea de infancia, de educar, de acompañar, y me pregunto si realmente lo que hago lo hago bien, ¿qué hay más allá de lo que hago?
5.       Recibo el pago por las regalías de “La mitad del universo” y decido invertir una parte a una maestría en Educación. Aquí mismo, pienso, en UVM para que salga más práctica la cosa.
6.       Es mayo de 2012. Recibo una clase que me obligó a pensar de una manera como me gustaba. Luego me doy cuenta de que me internaba al mundo del pensamiento crítico. Me subo al auto, estoy emocionado.
7.       Desencanto. Otra vez maestros patito, contradictorios a las ideas de innovación en educación, nivel bajo que contrasta con contados profesores buenos.
8.       Reflexión. Cada vez procuro no ser de esos. Y cuando una clase la doy así, no me lo perdono en todo lo que resta del día.
9.       Tercer cuatrimestre. Si te digo que cantes, lo haces, porque yo soy la maestra, me dice una persona que intentó darme clase a un gran grupo.
10.   Quinto cuatrimestre. Reúno firmas, hablo con el rector, hablamos todos, hubo cambios en la medida de lo posible. Deseo haber dejado en mejores condiciones la maestría que como la tomé. Se refieren a nosotros como el grupo más conflictivo de la universidad.
11.    Descubro que la investigación sí es una pasión. Intento transmitirlo a mis alumnos.
12.   ¿Qué hago con todo esto?
13.   Teorías, propuestas, ideas, debates, discusiones, acuerdos, tiempo después, integro a mis clases todo lo posible. Me queda claro, no creo ni en la calificación ni en las faltas.
14.   Río, pienso, actúo, me divierto, resuelvo el problema, pienso cómo hacerle, expongo, escucho a mis compañeros, los admiro, los estimo, los extrañaré.
15.   Llego a caja. Es mi último pago, comento. Falta el pago más fuerte, me recuerdan. Esto no se acaba hasta que pago y tramito el título. Pronto. Pronto.
16.   Es claro, lo noto. Soy uno antes y otro después de la maestría. Quiero aprender más y seguir creciendo.
17.   ¿Doctorado? Sí, pero mañana. Habrá un momento para eso.
18.   Todo significa.