Mi relación con la educación existe desde que nací. Con profesores normalistas como padres, no era de extrañarse que me llamara la atención esto de la docencia. De alguna manera, sabía que le dedicaría parte de mi tiempo y eso me hacía poner atención en algunos profesores: la firmeza de la maestra Ramona en cuarto de primaria; la rebeldía y cultura de Ocampo, así como el carisma y el otro tipo de educación de la maestra Concepción, quien rompía con la manera tradicional; mis maestros de Filosofía, Ética, Redacción, Periodismo y Literatura en la preparatoria, y algunos (muy pocos) más en la universidad, me hicieron pensar en la importancia de llevar el aprendizaje más allá de los libros de texto y de los programas.
Ya en la universidad, mientras me quejaba de la calidad de algunos profesores, pensaba en la importancia de salir al mundo profesional antes de regresar a “enseñar” lo que había aprendido. Diez años al menos, pensaba. Antes no. Y así, luego de un recorrido por el periodismo cultural en distintos ámbitos y de probarme en la función pública, decidí que era el momento de compartir mi aún incipiente experiencia.
Trabajar con un grupo con el que conviviría un semestre o más, era algo muy distinto a los cursos o talleres que pude impartir antes. La relación cambia, se vuelve aún más cercana y los conocimientos fluyen fuera y dentro del aula. Hay que estudiar siempre, reconocerse en el alumno, admitir fortalezas y debilidades, ser honesto, leal, respetuoso, crecer y comprender que el aprendizaje se da de manera horizontal. Procuro trabajar como me hubiese gustado que trabajaran conmigo mis profesores.
La educación me ha dado para vivir (feliz), y no hay manera de conformarme con un curso que doy. Quiero más. Es así como tomé la decisión de estudiar un posgrado relacionado con esto. De ahí surge la idea de abrir este nuevo blog. “La mitad del universo” ha servido más como una biografía y me ha servido como un ejercicio sano que me permite acercarme a quienes se interesan en mi persona. En este caso, “Mis apuntes sobre educación” nace como una tarea de clase, pero crece como una práctica relacionada con la investigación, abierta a discusiones y aprendizajes tan complejos como el lector lo deseé.
No me resta más que agradecer a Juan Manuel Vázquez Ramírez por la invitación, a Martha Reyes Valdez por su confianza y a mis compañeros de posgrado por su amistad y cariño.